viernes, 1 de enero de 2010

¿Qué significa Gaia?


Origen etimologico de Gaia

La Teogonía de Hesíodo cuenta (116 y sig.) cómo, tras el Caos, surgió Gea, la de anchos pechos, la eterna fundación de los dioses del Olimpo. De su propio ser, «sin dulce unión de amor», trajo a Urano, el cielo estrellado, su igual, para cubrirla a ella y a las colinas, y también a Ponto, la infructuosa profundidad del mar. Pero tras esto, cuenta Hesíodo, yació con Urano y engendró a los Titanes Océano, Ceo, Crío, Hiperión y Jápeto, y a las Titánides Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe la de la dorada corona y la hermosa Tetis. «Tras ellos nació Crono el astuto, el más joven y terrible de sus hijos, y éste odió a su lujurioso padre.»
Hesíodo menciona que Gea concibió más descendencia con Urano. Primero los Cíclopes gigantes de un solo ojo, constructores de murallas, a los que posteriormente se le dieron nombres: Brontes (‘el que truena’), Estéropes (‘el que da el rayo’) y Arges (‘el que brilla’): «Había fuerza, poder y destreza en sus obras.» Luego añade los tres terribles hijos de cien manos de la Tierra y el Cielo, los Hecatónquiros, Coto, Briareo y Giges, cada uno con cincuenta cabezas.
Urano se avergonzó de los deformes cíclopes y hecatónquiros, y decidió encerrarlos en el Tártaro, el mundo de las profundidades y la oscuridad, donde no pudieran ver la luz, y se regocijó de su maldad. Gea sin embargo los amaba, así que incitó a los titanes a que se rebelaran contra su padre. Urano terminó por encerrarlos también en el Tártaro. Gea acudió a ayudarles con las titánides. Pero apenas liberados, los cíclopes atacaron a los titanes y los hecatónquiros a las titánides, celosos de su belleza.
Gea se vio entonces obligada a encerrar por su cuenta y para siempre a cíclopes y hecatónquiros. Gea pidió ayuda a sus hijos, titanes, para vengarse de Urano, pero sólo Crono estuvo dispuesto a cumplir con su obligación. Crono encontró a Urano confiado en brazos de Nix, con la que había engendrado a Tánatos e Hipnos, y le castró con una hoz de pedernal que le había dado Gea, arrojando los testículos tras él. Al salpicar la sangre de éstos en la Tierra, surgieron los Gigantes con armadura (más tarde destruidos por los dioses con la ayuda de Heracles), las Erinias y las Melias (ninfas de los fresnos). Crono arrojó al mar la hoz (que dio origen a la isla de Corfú) y los testículos de Urano, donde produjeron una espuma de la que nació Afrodita. Crono encerró entonces a Urano en el Tártaro junto con los cíclopes y hecatónquiros, a quienes también temía.
Tal como Urano había sido depuesto por su hijo, Crono, así él mismo estaba destinado a ser derrocado por el suyo. Para evitarlo, se tragó a sus hijos tan pronto como éstos nacían. Gea le dio a la esposa de Crono, Rea, la idea que salvaría a su último hijo, Zeus: dar a Crono una piedra envuelta en pañales que pareciese un bebé. Entonces Gea crió a Zeus (según algunas versiones de la historia), quien eventualmente rescataría a sus hermanos y hermanas, tragados por Crono, y también liberaría a los Cíclopes, Hecatónquiros y Gigantes del Tártaro. Juntos, Zeus y sus aliados derrocarían a Crono.
Tras la castración de Urano, Gea parió a Equidna y (según algunos) a Tifón, engendrados por Tártaro. De Ponto, Gea tuvo a Nereo, Taumante, Forcis y Euribia.
Cuando Apolo mató a Pitón, hijo de Gea, ésta le castigó enviándole con el rey Admeto como pastor durante nueve años.
Zeus escondía a una amante, Elara, de Hera ocultándola bajo la tierra. El hijo que tuvo de ésta, el gigante Ticio, es por tanto considerado a veces hijo de Gea, la diosa de la tierra, y de Elara.
Gea también hizo inmortal a Aristeo.
Se cree por algunas fuentes (Joseph Fontenrose 1959 y otros) que Gea fue la deidad original tras el Oráculo de Delfos. Traspasó sus poderes a, según la versión, Poseidón, Apolo o Temis. Apolo es el mejor conocido como poder tras el oráculo, muy reconocido ya en tiempos de Homero, tras haber matado al hijo de Gea Pitón en ese lugar y usurpado su poder ctónico. Hera castigó a Apolo por esto enviándole al rey Admeto como pastor durante nueve años.
Los juramentos prestados en nombre de Gea, en la antigua Grecia, estaban considerados entre los más sagrados.
En el arte clásico Gea era representada de dos formas. En las vasijas pintadas atenienses se la mostraba como una mujer entrada en años medio levantada del suelo, a menudo dando al bebé Erictonio (un futuro rey de Atenas) a Atenea para que ésta lo criase. Más tarde, en los mosaicos aparece como una mujer reclinada sobre la tierra rodeada por un grupo de Karpoi, dioses infrantes de los frutos de la tierra.
Interpretaciones
Etimológicamente, Gaia es una palabra compuesta por dos elementos. *Ge, que significa ‘Tierra’, se encuentra en muchos neologismos, como Geografía (Ge/graphos, escribir sobre la Tierra) y Geología (Ge/logos, palabras sobre la Tierra). *Ge es una palabra sustrato pregriega que algunos relacionan con la sumeria Ki, que también significa ‘Tierra’. *Aia es un derivado de una raíz indoeuropea que significa ‘abuela’. Por tanto, la etimología completa de Gaia parecería haber sido ‘abuela Tierra’.[1]
Algunas fuentes, como los antropólogos James Mellaart, Marijas Gimbutas y Barbara Walker, afirman que Gea como la Madre Tierra es una evolución de la Gran Madre del preindoeuropeo, una diosa de la vida y la muerte generosa pero pavorosa, que había sido venerada ya desde el Neolítico Oriente Próximo, Anatolia y la zona de influencia de la cultura egea, pero también más allá de Malta y las tierras etruscas. Esta teoría levanta controversia en la comunidad académica. La creencia en una Madre Tierra nutricia es a menudo una característica del moderno culto neopagano a la «Diosa», que suele ser vinculado por los practicantes de esta religión con la teoría de la diosa neolítica.
La separación que Hesíodo hizo de Rea y Gea no fue seguida rigurosamente, ni siquiera por los propios mitógrafos griegos. Mitógrafos modernos como Károly Kerényi o Carl A. P. Ruck y Danny Staples, así como una generación anterior influenciada por La rama dorada de James Frazer, interpretan que las diosas Deméter la «madre», Perséfone la «hija» y Hécate la «vieja», como las entendían los griegos, eran tres aspectos de una Gran Diosa anterior, que podría ser identificada con Rea o con la propia Gea. Estas diosas tripartitas son también una parte de la mitología celta y pueden proceder de los protoindoeuropeos. En Anatolia (la actual Turquía) Rea era conocida como Cibeles, una diosa derivada de la Kubaba mesopotámica, la Kebat hurrita o Kepa. Los griegos nunca olvidaron que el antiguo hogar de la Madre Montaña era Creta, donde una figura en parte identificada con Gea había sido venerada como Potnia Theron (Πωτνια Θερων), la «Señora de los Animales», o simplemente Potnia, la ‘Señora’, un apelativo que podría ser aplicado en textos griegos anteriores a Deméter, Artemisa o Atenea.
La llegada de los dioses del Olimpo con los inmigrantes al Egeo durante el II milenio adC, y la en ocasiones violenta lucha por suplantar a Gea, imbuye a la mitología griega de su característica tensión. Ecos de la fuerza de Gea persisten en la mitología de la Grecia clásica, donde sus papeles están divididos entre Hera, consorte de Zeus, Deméter, Artemisa, gemela y esposa de Apolo, y Atenea.
En Roma la diosa frigia importada Cibeles fue venerada como Magna Mater, la ‘Gran Madre’, o como Mater Nostri, ‘Nuestra Madre’, e identificada con Ceres, la diosa romana de la agricultura que era aproximadamente equivalente a la griega Deméter, pero con diferentes aspectos y adorada con diferentes cultos. Su culto fue llevado a Roma tras un augurio de la Sibila de Cumas sobre que Aníbal el cartaginés no sería derrotado hasta que dicho culto llegase a Roma. Como resultado fue una divinidad favorita de los legionarios romanos y su culto se extendió desde los campamentos y colonias militares romanas.
En otras culturas
La idea de que la propia tierra fértil era femenina y nutría a la humanidad no estuvo limitada al mundo grecorromano. Estas tradiciones se vieron influidas en gran medida por culturas anteriores de la zona central del antiguo Oriente Medio. En la mitología sumeria, Tiamat influyó en las nociones bíblicas del abismo del Génesis. El título «madre de la vida» fue concedido más tarde a la diosa acadia Kubaba, y por tanto a la hurrita Hepa, que evolucionaría a la hebrea Eva (Heva) y a la frigia Cibeles (Kubala). En la mitología nórdica la Gran Madre, la misma madre de Thor, era conocida como Jord, Hlódyn o Fjörgyn. Nanna, otra Diosa Madre, era la madre del agonizante dios Baldur. Los celtas irlandeses adoraron a Danu, mientras los celtas galeses adoraron a Dôn. Dana jugó un papel importante en la mitología hindú y las pistas de sus nombres presentes en toda Europa, como el río Don, el Danubio, el Dniéster y el Dniéper, sugieren que provienen de una antigua diosa protoindoeuropea.[2] En la mitología lituana Gea - Žemė es hija del Sol y la Luna, y también esposa de Dangus (Varuna). En las culturas del Pacífico, la Madre Tierra era conocida bajo tantos nombres y con tantos atributos como las culturas que la reverenciaban. Por ejemplo, el mito de la creación de los maoríes incluye a Papatuanuku, compañera de Ranginui, el Padre Cielo. En Sudamérica (Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y noreste de Argentina) perdura el culto a la Pachamama (de pacha, ‘tiempo’ o ‘época’, y mama, ‘madre’, en quechua). Los aztecas conocían a la diosa tierra como Coatlicue (‘la de la falda de serpientes’ en náhuatl), mientras las antiguas culturas mexicanas se referían a ella como Tonantzin Tlalli, que significa ‘Reverenda Madre Tierra’. En las religiones indias, la Madre de toda la creación es llamada Gayatri, forma sorprendentemente parecida a Gea.
Carl Gustav Jung sugirió que la madre arquetípica era una parte del inconsciente colectivo de todos los humanos y varios estudiantes jungianos, como Erich Neumann y Ernest Whitmont, han argumentado que dicho arquetipo apuntala muchas mitologías y precede a la imagen del padre en dichos sistemas religiosos. Tales especulaciones ayudan a explicar la universalidad de esta imaginería de diosa madre.
En el neopaganismo
Muchos neopaganos modernos, particularmente las sectas neopaganas estadounidenses, adoran activamente a Gea. Las creencias sobre ella varían desde la común wicana de que Gea es la Tierra (o en algunos casos la manifestación espiritual de la tierra, o la diosa de la Tierra) hasta la más amplia creencia neopagana de que es la diosa de toda la creación, una Madre Tierra de la que surgieron todos los demás dioses. A veces se cree que personifica los planetas y la tierra, o incluso todo el universo. Su adoración es muy variada, yendo desde la postración hasta el ritual druídico.
A diferencia de Zeus, un errante dios nómada del cielo abierto, Gea se manifestaba en lugares cerrados: la casa, el patio, la matriz, la cueva. Sus animales sagrados son la serpiente, el toro lunar, el cerdo, y las abejas. En su mano la amapola adormidera se puede convertir en una granada.
Algunos de sus adoradores intentan acercarse a la Madre Tierra volviéndose indiferentes hacia las posesiones materiales y más en sintonía con la naturaleza. Otros reconocen a Gea como una gran diosa y practican rituales normalmente asociados con otras formas de adoración. Muchas sectas adoran a Gea más incluso que a Temis, Artemisa y Hera. Algunas formas comunes de adoración incluyen la postración (intentando alcanzar una mayor conexión con la tierra), prácticas chamanísticas, el diezmo, alabanzas y oraciones, la creación de inspiradas obras de arte a ella dedicadas, quema de aceites e incienso, el cultivo de plantas y jardines, la creación y mantenimiento de «arboledas sagradas», y la quema de pan y derramamiento de bebida como ofrenda.
En la teoría ecológica moderna
Artículo principal: Hipótesis Gaia
Este nombre mitológico fue rescatado en 1979 por James Lovelock para su hipótesis Gaia. La hipótesis propone que los organismos vivos y las materias inorgánicas forman parte de un sistema dinámico que da forma a la biosfera de la Tierra. La propia Tierra se considera un organismo con funciones autorregulatorias.

Bibliografía
Joseph Fontenrose, Pitón: Un estudio del mito délfico y sus orígenes, Berkeley: University of California Press, 1959; reimpreso en 1980
Károly Kerényi, Los dioses de los griegos, 1951
Carl A.P. Ruck y Danny Staples, The World of Classical Myth, 1994

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